El porqué de enseñar a gestionar emociones a los niños?

 

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Seguiremos fortaleciendo el desarrollo intelectual, sin mirar que hoy en día los niños necesitan aprender sobre sus emociones? Un niño de hoy puede tener la capacidad de resolver un problema matemático, pero si no sabe cómo desenvolverse en las relaciones, o fracasa cuando tiene que solucionar un conflicto, ¿es un chico fuerte para este mundo?
Muchos habrán escuchado el conocido fenómeno de “Bullying” en las escuelas. Para quien no sabe lo que es, este concepto se refiere al acoso escolar, a toda forma de maltrato físico, verbal o psicológico que se produce entre niños, de forma reiterada y a lo largo del tiempo. Niños que se sienten “más fuertes”, se burlan, amenazan, incluso, golpean a otro niño que se muestra “diferente”, sumiso, con menos capacidad para defenderse. Si bien se sabe que es un fenómeno que ha crecido en el último tiempo, antes también ocurría pero con menor frecuencia. Algunos de ustedes, en su infancia, habrán recibido maltrato por parte de algún otro niño, algunos otros, lo habrán ejercido.
No es fuerte el niño que necesita ejercer algún tipo de violencia, más bien, hablamos de debilidad, ya que este necesita tener dominio sobre otro para sentirse poderoso y reconocido; carece también de habilidades emocionales, entre ellas, la empatía. Tampoco es fuerte aquel niño que no sabe cómo actuar ante esta situación, y permite que suceda.
A menudo se escucha a padres o maestros comentando orgullosos que sus hijos han sacados excelentes calificaciones en matemática, por ejemplo. Sin embargo, sería tan maravilloso que nos sintamos igual de orgullosos, si un niño supo compartir, defender a otro, expresar sus emociones, saber pedir lo que necesita… Supo cuidar y cuidarse, comunicarse, escuchar, ser tolerante ante la diferencia, empático ante el dolor ajeno…
Tal vez estamos ante niños intelectualmente inteligentes, pero analfabetos emocionalmente. Seguramente también, se trate de un fiel espejo de la actual situación del adulto de hoy.
¿Cómo enseñamos lo importante?
Muchas veces la causa del comportamiento del niño es que no acepta al otro, o no acepta la derrota, la frustración, la impotencia, un límite. Esto lo conduce a una reacción de descarga, que en el fondo, no hace más que hacerlo sentir más dolido, abandonado, incapaz o inseguro.
Que el niño pueda sentirse frustrado, débil, ignorado, triste, y no necesite reafirmar su mundo emocional desde una actitud agresiva hacia algo o alguien, sino que pueda nombrar lo que le pasa, por lo menos una palabra; o pueda llorar con humildad, permitir que lo abracen, lo ayuden, sería el aprendizaje más importante que podría aportar la escuela o familia de hoy.
Si su hijo o alumno le levanta la voz, si ha golpeado a alguien, si ha mentido, “fallado” con su palabra, si ha sido cruel, tirano, egoísta, puede sentirse indignado, castigarlo, o decirle, mirándolo desde arriba como un juez, “estás equivocado”, pero con esta actitud ¿fomentamos el desarrollo de su conciencia, la autobservación, la autodisciplina?
Debemos saber algo fundamental, el discurso moral, largos sermones sobre lo que está bien o mal, no solo no sirven, sino que además generan distancia en el vínculo. Decir “haz esto” o “no hagas aquello”, sin ayudarlos a pensar y sentir, produce personas autómatas, que obedecen según su conveniencia. Solo si alguien los está observando, hacen “lo correcto”. No se les fomenta la consciencia, ni el registro de sus propias emociones, y menos aún, la de los otros.

En cambio, si en lugar de dictaminar sentencia, hacemos una pregunta: “¿Qué te parece tu comportamiento?”, “¿Qué te ha hecho sentir tan mal para que reacciones de tal modo?” “¿Cómo se sentirá tal niño con lo sucedido?”, “¿Cómo te sentirías si te lo hubieran hecho a ti?”,  “¿Qué podemos hacer para remediar esto?”, así ayudamos al autoconocimiento, y por ende, a construir una conducta saludable.
No ofrezca soluciones, recetas, ni conclusiones cerradas, abra el dialogo, la pregunta. Permítase aprender, dejar ese espacio para el silencio, que lo coloca a la par, corazón a corazón. Esto nos recuerdan los niños de esta era: no hay quien sabe más, todos estamos enseñando y aprendiendo a la vez; y juntos, solo juntos, podemos construir una nueva forma de estar con otros, y hacer así del mundo, un lugar donde reine la conciencia.+

Fuente: http://www.caminosalser.com/

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Neuroeducacion: Educar con el cerebro y la emocion

 

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Hasta hace apenas 30 años, se desconocía en gran medida cómo funcionaba el cerebro. No obstante, los avances en áreas como la medicina y, particularmente, las neurociencias, han permitido estudiar las neuronas y entender un poco más la actividad cerebral. “Eso ha abierto una nueva etapa para poder conocernos a nosotros mismos, para entender mejor cómo funcionamos y aplicar ese conocimiento a áreas tan diversas como la economía, la cultura y la educación”, considera David Bueno, profesor de genética de la Universidad de Barcelona, especializado en la formación del cerebro y divulgador científi co. Así, en los últimos años hemos empezado a escuchar términos como neuromarketing, neuroeconomía, neuroarquitectura y neuroeducación.

 

 

Todo ello forma parte de un movimiento internacional, aún incipiente, de científicos y educadores que pretenden aplicar en la escuela los descubrimientos sobre el cerebro, con el propósito de ayudar a aprender y enseñar mejor. “Hasta ahora habíamos hablado de la memoria, la atención y la emoción, pero de forma desperdigada, sin darnos cuenta de cómo los códigos que trae el cerebro para aprender o memorizar son tan esenciales para la supervivencia como comer o beber”, señala el neurocientífi co Francisco Mora, autor de Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama, uno de los primeros manuales dedicados a este tema y todo un fenómeno de ventas. Conocer esos códigos de funcionamiento del cerebro ha permitido demostrar, por ejemplo, la importancia de la curiosidad y la emoción para adquirir conocimientos; que el deporte es esencial para fi jar el aprendizaje y también que en el cerebro hay “ventanas de conocimiento” que se abren y se cierran de acuerdo con las etapas de la vida. Educadores y científi cos que habían estado aislados, unos en las aulas y los otros en sus laboratorios, ahora caminan a la par. Universidades como la Johns Hopkins, en Estados Unidos, ya han puesto en marcha proyectos de investigación en neuroeducación, igual que Harvard, que dispone del programa Mente, Cerebro y Educación, el cual pretende explorar la intersección de la neurociencia biológica y la enseñanza. Esta es la era de la neuroeducación.

 

¡Emociónate! ¿Recuerdas cuando ibas a la escuela y en algunas asignaturas te hacían aprender de memoria decenas de datos? Que si fórmulas de física y química, que si la capital de Colombia es Bogotá, que si la Revolución francesa estalló en 1789… Datos y más datos que el tiempo acaba borrando. Y aún más si el profesor era aburrido. En cambio, de seguro recuerdas a algún maestro que consiguió despertar tu atención e interés. La emoción es el ingrediente secreto del aprendizaje, dice la neurociencia, fundamental para quien enseña y para quien aprende. “El binomio emoción-cognición es indisoluble, intrínseco al diseño anatómico y funcional del cerebro”, explica Francisco Mora. Al parecer, la información que captamos por medio de los sentidos pasa por el sistema límbico o cerebro emocional antes de ser enviada a la corteza cerebral, encargada de los procesos cognitivos. Dentro del sistema límbico, la amígdala tiene una función esencial. Es una de las partes más primitivas del cerebro y se activa ante eventos que considera importantes para la supervivencia, lo que consolida un recuerdo de manera más efi ciente. Las historias, por ejemplo, suelen fungir como auténticos activadores de esta región cerebral. David Bueno lo ha puesto a prueba con sus alumnos universitarios: “Cuando me toca explicarles, por ejemplo, el triángulo de Tartaglia, una fórmula matemática que necesitan para resolver muchos problemas de genética, les cuento que en realidad el matemático italiano que lo formuló no se llamaba Tartaglia, sino Niccolò Fontana. Lo que pasa es que era tartamudo, tartaglia, en italiano. Y al fi nal ese mote acabó dando nombre a la fórmula. Esa anécdota hace estallar de risa a los estudiantes, y lo mejor es que ya no se olvidan de la fórmula”.

El juego es vital para estimular partes del cerebro involucradas en el aprendizaje. Las nuevas tecnologías son un aliado para el aprendizaje, porque captan la atención de los niños. La sorpresa es otro factor que activa la amígdala. El cerebro es un órgano al que le gusta procesar patrones, entender cosas que se repiten siempre de la misma forma, es la manera como se enfrenta al mundo que lo rodea. Ahora bien, todo aquello que no forma parte de esos patrones se guarda de manera más profunda en el cerebro. De ahí que usar en la clase elementos que rompan con la monotonía benefi cian el estudio. El neurólogo mexicano Jaime Romano investiga el cerebro desde hace más de 30 años; también ha atendido a niños y adolescentes con problemas de aprendizaje. Una década atrás echó a andar un laboratorio de neurociencias para tratar de entender mejor el proceso de educación.

“Diseñé un modelo que se conoce como neuropirámide, que cuenta con seis peldaños. En cada uno de ellos se plantea qué sucede con la información cuando va entrando por los órganos de los sentidos, cómo se procesa en el cerebro hasta que se convierte en aprendizaje. Y hemos visto que tiene que ver con procesos emocionales”, explica Romano. Ahora, este médico trabaja en el diseño de videojuegos que resulten útiles en todos los peldaños de la neuropirámide. “Habrá juegos que refuercen, por ejemplo, el proceso de atención de los chicos; otros, el proceso de análisis y síntesis”, comenta. Su idea es crear una plataforma con videojuegos orientados a distintas edades.

“Queremos mejorar la capacidad emocional y mental de los estudiantes, los procesos de cálculo, de comprensión, y eso repercutirá en que aprenderán mejor las matemáticas, a leer y a entender los textos, a fi jar su atención”. Mueve tus neuronas En los últimos años, la ciencia ha demostrado lo que antes solo se sospechaba: el ejercicio proporciona bienestar físico y mental. Al parecer, cada vez que practicamos un deporte cardio vascular, al contraerse y estirarse, los músculos segregan una proteína que viaja al cerebro y allí promueve la plasticidad cerebral, generando nuevas neuronas, nuevas conexiones o sinapsis y, justamente, eso sucede en los centros de memoria. “A veces, cuando un alumno va mal en la escuela —señala el profesor David Bueno— lo quitan del deporte, para que así pueda estudiar más. Eso es un error, porque se le quita la actividad que le permite memorizar lo que estudia”. También se ha visto que el deporte estimula la producción de endorfi nas, las cuales generan sensación de bienestar, de placer, optimismo, y están íntimamente relacionadas con la concentración y la atención. Una idea que defi ende la neuroeducación son las “ventanas”. Al contrario de lo que se creyó durante mucho tiempo, el cerebro no es estático, sino que “existen ventanas plásticas, periodos críticos en los que un aprendizaje se ve más favorecido que otro”, afi rma Francisco Mora.

Así, por ejemplo, para aprender a hablar la “ventana” se abre al nacer y se cierra a los siete años, aproximadamente. Eso no quiere decir que pasada esa edad el niño no pueda adquirir el lenguaje, porque gracias a la plasticidad del cerebro, lo conseguirá aunque le cueste mucho más, pero, asegura Mora, nunca adquirirá el dominio de la lengua que tiene un niño que aprendió a hablar de los 0 a los 3 años. El hallazgo de la existencia de periodos de aprendizaje hace que las escuelas deban replantearse el modelo educativo. Para David Bueno, “hasta los 10 o 12 años, el cerebro tiene una ventana específi ca para aprender aptitudes, para manejar información, para razonar. Tal vez esa etapa sea el momento de potenciar la comprensión de un texto; que aprendan a razonar de forma matemática, en lugar de memorizar mucho contenido. En defi nitiva, trabajar aquellas habilidades que después conformarán un cerebro con ganas de aprender cosas nuevas”. En algunos casos, el sistema educativo actual choca contra esas “ventanas” cerebrales. Por ejemplo, cuando los niños son muy pequeños, tenerlos sentados en una clase, quietos, “sabemos que infl uye negativamente en su cerebro”, alerta Jaime Romano. Para poder madurar, crear nuevas redes de neuronas, el cerebro necesita experiencias nuevas.

 

Fuente autoconocimientointegral.comfoto face emocion escolar

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Bullying: Como enseñar la “resiliencia” en la escuela

 

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Ana Frank nos dejó un hermoso ejemplo de capacidad de resiliencia. Antes de morir, en el genocidio nazi a fines de la Segunda Guerra Mundial, escribió en su diario de vida: “Yo no pienso en toda la miseria, sino en toda la belleza que aún persiste. Esta es una de las cosas que nos hace tan distintas a mi mamá y a mí. Su consejo, cuando una está melancólica, es: “Piensa en toda la miseria que hay en el mundo que a ti no te toca”. Mi consejo es: “Sal para afuera, sal al campo, goza de la naturaleza y del sol. Trata de recapturar la felicidad en ti misma y en Dios. Piensa en toda la belleza que todavía queda alrededor tuyo. Sé feliz.” (7 de Marzo de 1944)

¿Qué significa “resiliencia”?

El término resiliencia proviene de la física. Expresa la capacidad que tienen algunos materiales de recobrar su forma original después de ser sometidos a una presión deformadora.

Este término fue adoptado por las Ciencias Sociales para referirse a la “capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive, ser transformado positivamente por ellas” (Grotberg, 1995).

La resiliencia no es un estado fijo, ni acabado, o estable; es un proceso que se construye a largo plazo, de naturaleza dinámica. Puede cambiar a través del tiempo y las circunstancias. Tiene dos componentes importantes: la resistencia a la destrucción y la capacidad para reconstruir sobre factores adversos.

La resiliencia es una capacidad universal. Todos tenemos algunas características resilientes y podemos desarrollarlas aún más. Si bien algunas personas tienen tendencias genéticas que contribuyen a su resiliencia, como temperamento desenvuelto y atractivo físico, la mayoría de las características asociadas con la resiliencia puede desarrollarse. La resiliencia nos permite tener una mirada más optimista de la vida. Frente a situaciones aparentemente sin esperanza, es posible construir un camino de resiliencia, dejar atrás los determinismos de la genética y del medio y abrirnos a la creatividad y a la libertad.

¿Cómo se construye la resiliencia?

Stefan Vanistendael -belga, experto en temas de infancia; autor, junto con Jacques Lecomte de La felicidad es posible. Despertar en los niños maltratados la confianza en sí mismos. Construir la resiliencia – desarrolló la imagen de una “casita” para representar en forma esquemática aquellos elementos con los que se puede construir la resiliencia. La “casita” es una pequeña casa compuesta de varios pisos y habitaciones. Cada habitación refiere un campo de intervención posible para la construcción o el mantenimiento de la resiliencia.

  • Los cimientos representan las necesidades materiales básicas, como la comida y los cuidados de salud.
  • El subsuelo está formado por los vínculos y redes de contacto. Se necesita al menos un vínculo fuerte con una persona que crea en las potencialidades del niño o niña y lo acepte como es, en forma incondicional. Esta persona puede ser un familiar, un vecino o un profesional. Todos podemos asumir este papel frente a un niño o conocido en dificultad.
  • En el primer piso se encuentra la capacidad de descubrirle sentido a la vida, lo cual puede estar vinculado a la fe religiosa, al compromiso político o humanitario.
  • En el segundo piso hay varias habitaciones: la autoestima, las aptitudes personales y sociales, el sentido del humor. Este último transforma la realidad de la vida en algo más soportable y positivo. Las personas capaces de reírse de sí mismos, ganan en libertad y fuerza interior.
  • En el entretecho hay una gran habitación abierta, para las nuevas experiencias por descubrir. Esto representa la capacidad de creer que la vida no se acaba con la desgracia ni el sufrimiento y que ella aún puede dar sorpresas.
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¿Cómo puede la escuela ayudar a fortalecer la resiliencia en los niños?

Después de la familia, la escuela es un ambiente clave para que los niños adquirieran las competencias necesarias para salir adelante en la vida y desarrollen la capacidad de sobreponerse a la adversidad. Aunque en muchas escuelas existen obstáculos para construir resiliencia en sus alumnos y alumnas, cada docente en su aula puede crear condiciones adecuadas para favorecer la construcción de ella.

A continuación se presentan seis pasos cruciales que muestran cómo las escuelas y los docentes pueden ayudar a promover la resiliencia en los niños:

Pasos 1 a 3: Mitigar el efecto del riesgo en la vida de niños y jóvenes

  1. Enriquecer los vínculos positivos, con los padres y con los alumnos, fortaleciendo, pro un lado, las conexiones entre los apoderados y la escuela, y por otro lado, la vinculación del alumno con el aprendizaje y su permanencia en la escuela. Lo primero se logra instaurando una fuerte participación de la familia en la escuela y lo segundo, ofreciéndole a los estudiantes actividades variadas, como arte, música, deporte, tareas de servicio y muchas otras, después del horario escolar, que refuercen su sentido de pertenencia a la escuela.
  2. Fijar límites claros y firmes, explicitando las expectativas de conducta en la escuela. Es aconsejable que los alumnos participen en la determinación de normas de conducta y de procedimientos para hacerlas cumplir. Los límites deben basarse en una actitud afectuosa, no punitiva.
  3. Enseñar habilidades para la vida, tales como cooperación, resolución de conflictos, destrezas comunicacionales, toma de decisiones, manejo sano del estrés, trabajo en equipo.

    Pasos 4 a 6: Construir resiliencia

  4. Brindar afecto y apoyo, es decir, dar respaldo y aliento en forma incondicional. Este paso es el más importante, ya que parece casi imposible “superar” la adversidad sin la presencia de afecto, que no necesariamente debe provenir de familiares cercanos. Lograr esto en la sala de clases requiere que el docente ocupe tiempo para construir relaciones personales con sus alumnos y alumnas, ya que significa tomarlos en cuenta a todos, estimular a los reticentes; detectar y aprovechar las fortalezas de cada uno; preocuparse e intervenir cuando uno de ellos enfrenta circunstancias difíciles.
  5. Establecer y transmitir expectativas elevadas y realistas que funcionen como motivadores eficaces, sin sobrecargar a los estudiantes. Transmitir mensajes a los alumnos del tipo “convéncete que eres capaz, esfuérzate otro poco”, “este trabajo es muy importante y sé que tú puedes hacerlo bien”. Los docentes expresan expectativas elevadas cuando establecen relaciones personales con cada alumno y se preocupan de él, cuando aplican un método de enseñanza más personalizado y cuando valoran la diversidad.
  6. Brindar oportunidades de participación significativa, dándole a los alumnos una alta cuota de responsabilidad, ya sea para fijar metas, ayudar a otros, resolver problemas, tomar decisiones, entre muchas otras. Se trata de contemplar a los alumnos como “recursos” y no como objetos o problemas pasivos. Esta participación se debe extender a la vida familiar y comunitaria.

¿Cuál es el perfil que predomina en mis alumnos y alumnas?

A continuación se presenta un cuadro -basado en las figuras 2.1 y 2.2 presentadas por Nan Henderson y Mike M. Milstein enResiliencia en la escuela (Paidós:2003) – que muestra el perfil de un alumno o alumna con rasgos de resiliencia y el de otro que necesita, claramente, desarrollar esta capacidad.

Pasos Perfil de un alumno con rasgos de resiliencia Perfil de un alumno que necesita mejorar su resiliencia
1- Enriquecer los vínculos positivos Se conecta con al menos un adulto de la escuela.

Participa en alguna actividad antes, durante o después del horario escolar.

Participa en trabajos grupales.

Tiene una conexión positiva con el aprendizaje.

No cuenta con adultos ni compañeros positivos.

No participa en actividades escolares.

No entabla relaciones cooperativas con pares.

Está privado de los beneficios del aprendizaje.

2- Fijar límites claros y firmes Comprende y respeta las reglas de la escuela.

Participa en la determinación de la reglas o normas de su sala, escuela.

Se siente confundido en cuanto a las reglas y expectativas escolares.

No le encuentra sentido a las reglas.

No participa en la determinación o cambio de las reglas o normas del establecimiento.

3- Enseñar habilidades para la vida Es asertivo, sabe cómo resolver un conflicto en forma sana, adopta buenas decisiones y maneja su estrés. No participa de un proceso sistemático de desarrollo de habilidades para la vida.

Presenta conducta inapropiada.

Rara vez es asertivo, no sabe resolver en forma sana los conflictos, no maneja bien su
estrés ni tiene habilidad para resolver problemas.

4- Brindar afecto y apoyo . Siente que recibe cariño y apoyo en la escuela.

Tiene desarrollado el sentido de pertenencia a la escuela.

Visualiza la escuela como una comunidad.

Se siente reconocido y premiado, de diferentes maneras.

Se siente marginado de la escuela.

Cree que nadie se preocupa de él.

Se siente “invisible”.

No recibe reconocimientos positivos.

5- Establecer y transmitir expectativas elevadas y realistas. Cree que toda meta o aspiración positiva puede ser alcanzada.

Demuestra confianza en sí mismo y en los demás.

Se da ánimo a sí mismo y a los demás a hacer algo “lo mejor posible”.

Tiene la sensación de que “yo no puedo”.

Se describe en forma negativa.

Tiene poca confianza en sí mismo.

Se menosprecia a sí mismo y a los demás.

Expresa limitaciones personales basadas en el género, etnia, nivel de ingreso familiar u otros factores.

6- Brindar oportunidades de participación significativa Considera que sus opiniones son tomadas en cuenta.

Ayuda a sus compañeros, realiza actividades de servicio comunitario, colabora en la vida escolar.

Se siente seguro al enfrentar desafíos nuevos.

No reconoce talentos ni habilidades personales, siente que se ignoran sus ideas, opiniones, etc.

Es pasivo.

Es apático.

Duda de su capacidad de hacer un aporte significativo en su entorno.

Actividades para realizar con los alumnos y alumnas:

  1. Investigar y comentar sobre la vida de alguna persona destacada que haya debido enfrentar y superar situaciones adversas en su vida, como Stephen Hawkins, Christopher Reeves, Hellen Keller, Rigoberta Menchú, Ana Frank, entre muchos otros.
  2. Entrevistar a alguien conocido que haya superado situaciones adversas, escribir una breve biografía sobre su vida, leerla y comentarla con los compañeros de curso.

Reflexión personal:

  1. Examina tu capacidad de resiliencia: ¿En qué circunstancias te sobrepusiste a la adversidad? ¿Quién te ayudó? ¿Qué características resilientes puedes detectar en ti.? ¿Cómo podrías mejorar tu resiliencia?
  2. Observa con atención el cuadro y piensa en el perfil de la mayoría de tus alumnos y alumnas. ¿A qué grupo corresponden: a los que necesitan mejorar su resiliencia o a los que tienen rasgos ya construidos de resiliencia? Revisa tus propias conductas: ¿ayudan a sus alumnos a mejorar en este proceso? ¿Qué podría hacer para reforzar la resiliencia de sus estudiantes?
  3. Intercambia tus experiencias con los demás miembros de tu escuela. Identifiquen lo que están haciendo bien en cada uno de los seis pasos y lo que conviene mejorar. En conjunto, elaboren un plan de acción para mejorar la capacidad de resiliencia de sus alumnos y alumnas.

 

 

 

 

Artículo publicado en la revista Aula Creativa K-4, julio del 2004.

Referencias:

  • Henderson, Nan y Milstein, Mike M.Resiliencia en la escuela , Editorial Paidós, Buenos Aires, 2003.
  • Milicic, NevaCreo en ti , Ediciones LOM, Santiago de Chile, 2001.
  • Cyrulnik, BorisLa maravilla del dolor , Ediciones Granica, Biuenos Aires, 2001.
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