Empatia: Por que nos cuesta ser empaticos? (neurociencias)

foto face empatic
No es fácil sentir con el corazón y dejar hablar a la razón. Todo aquel que se haya enfadado ante una injusticia o que haya sentido en carne propia el dolor del otro, sabe que es muy complicado mantener la cabeza fría y recurrir a la lógica. Y es que cuando somos realmente empáticos, es como si se produjera un secuestro emocional. ¿Por qué?
La pista llega de la mano de un estudio muy interesante realizado en la Case Western Reserve University. Estos neurocientíficos han descubierto por qué nos resulta tan difícil ser empáticos y racionales a la vez, la respuesta está en nuestro cerebro ya que cuando se activa la red de neuronas que están implicadas en la empatía, se suprime la red que se utiliza para analizar los hechos. Por supuesto, también ocurre lo contrario, cuando estamos analizando un hecho de manera meramente racional, se apaga la red de la empatía.

Un problema de física, una emoción y un escáner cerebral

Este estudio demuestra, por primera vez, por qué nos resulta tan complicado ser comprensivos y analíticos a la vez. En el experimento participaron 45 estudiantes universitarios, a los cuales les dieron una serie de problemas para resolver y algunas situaciones que demandaban comprender los sentimientos de otra persona.
Mientras los estudiantes estaban involucrados en estas actividades, los neurocientíficos escaneaban sus cerebros. Así pudieron apreciar que los problemas de física activaban la red analítica y suprimían la red de la empatía. Al contrario, cuando les pedían que se concentraran en los sentimientos de otra persona y que fueran empáticos, se suprimía la red cerebral vinculada al análisis lógico.
En realidad, la inhibición neural no es un fenómeno nuevo. Nuestro cerebro tiene una tendencia a economizar recursos por lo que suele “apagar” aquellas zonas que no necesitamos. En el fenómeno de la inhibición cognitiva, por ejemplo, nuestra mente se concentra en la información que es importante para la tarea que debemos realizar y aparta los estímulos irrelevantes. La mayoría de las veces este mecanismo se activa de manera automática, para evitar que nos saturemos de estímulos.
De hecho, existe una teoría que nos indica que al poseer recursos mentales limitados, nuestro cerebro los distribuye de la manera más eficaz para la tarea en cuestión, de manera que podamos ser más eficientes. Cuando la inhibición no funciona, tenemos problemas para concentrarnos y cometemos más errores.

¿Positivo o negativo?

No hay dudas de que la capacidad para focalizarnos solo en el aspecto emocional o racional de las situaciones nos conduce a una visión parcializada. Sin embargo, hay ocasiones en que esa visión parcializada es justo lo que necesitamos. Aunque hay veces que necesitamos lo contrario, tener una visión más amplia del asunto. En ese caso, es cierto que no podemos ser racionales y empáticos al mismo tiempo pero podemos dirigir el focus de nuestro cerebro a una u otra perspectiva, de manera que podamos formarnos una imagen más general del cuadro.
Por ejemplo, para manejar una empresa es necesario ser analíticos y racionales, ser eficientes. De lo contrario iremos en bancarrota. Sin embargo, sin la brújula moral y sin la pasión, ese exceso de racionalidad también nos puede llevar a un callejón sin salida. Ambas redes no funcionarán a la misma vez pero podemos alternarlas antes de tomar las decisiones. Así tendremos una perspectiva más global y, probablemente, tomaremos mejores decisiones.
Fuente:
Jack, A. I. et. Al. (2013) fMRI reveals reciprocal inhibition between social and physical cognitive domains. NeuroImage; 66: 385-401.

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