Capacitaciones y talleres en España a cargo de Luciana Cataldi

En el mes de octubre 2016 estuve dando una serie de talleres en España por segundo año consecutivo, he estado en las II Jornadas de Mediacion Escolar celebradas en valladolid, luego en Galicia haciendo talleres de comunicación no violenta y practicas restaurativas y por Ultimo Barcelona estuve en la Asociación Catalana de practicas restaurativas la Universidad de Barcelona y distintos ayuntamientos todos en el marco de la cultura de paz y el cambio en la convivencia socialfoto-face-flyer-valladolid-2016ffoto-face-catalunia-2

 

 

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El porqué de enseñar a gestionar emociones a los niños?

 

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Seguiremos fortaleciendo el desarrollo intelectual, sin mirar que hoy en día los niños necesitan aprender sobre sus emociones? Un niño de hoy puede tener la capacidad de resolver un problema matemático, pero si no sabe cómo desenvolverse en las relaciones, o fracasa cuando tiene que solucionar un conflicto, ¿es un chico fuerte para este mundo?
Muchos habrán escuchado el conocido fenómeno de “Bullying” en las escuelas. Para quien no sabe lo que es, este concepto se refiere al acoso escolar, a toda forma de maltrato físico, verbal o psicológico que se produce entre niños, de forma reiterada y a lo largo del tiempo. Niños que se sienten “más fuertes”, se burlan, amenazan, incluso, golpean a otro niño que se muestra “diferente”, sumiso, con menos capacidad para defenderse. Si bien se sabe que es un fenómeno que ha crecido en el último tiempo, antes también ocurría pero con menor frecuencia. Algunos de ustedes, en su infancia, habrán recibido maltrato por parte de algún otro niño, algunos otros, lo habrán ejercido.
No es fuerte el niño que necesita ejercer algún tipo de violencia, más bien, hablamos de debilidad, ya que este necesita tener dominio sobre otro para sentirse poderoso y reconocido; carece también de habilidades emocionales, entre ellas, la empatía. Tampoco es fuerte aquel niño que no sabe cómo actuar ante esta situación, y permite que suceda.
A menudo se escucha a padres o maestros comentando orgullosos que sus hijos han sacados excelentes calificaciones en matemática, por ejemplo. Sin embargo, sería tan maravilloso que nos sintamos igual de orgullosos, si un niño supo compartir, defender a otro, expresar sus emociones, saber pedir lo que necesita… Supo cuidar y cuidarse, comunicarse, escuchar, ser tolerante ante la diferencia, empático ante el dolor ajeno…
Tal vez estamos ante niños intelectualmente inteligentes, pero analfabetos emocionalmente. Seguramente también, se trate de un fiel espejo de la actual situación del adulto de hoy.
¿Cómo enseñamos lo importante?
Muchas veces la causa del comportamiento del niño es que no acepta al otro, o no acepta la derrota, la frustración, la impotencia, un límite. Esto lo conduce a una reacción de descarga, que en el fondo, no hace más que hacerlo sentir más dolido, abandonado, incapaz o inseguro.
Que el niño pueda sentirse frustrado, débil, ignorado, triste, y no necesite reafirmar su mundo emocional desde una actitud agresiva hacia algo o alguien, sino que pueda nombrar lo que le pasa, por lo menos una palabra; o pueda llorar con humildad, permitir que lo abracen, lo ayuden, sería el aprendizaje más importante que podría aportar la escuela o familia de hoy.
Si su hijo o alumno le levanta la voz, si ha golpeado a alguien, si ha mentido, “fallado” con su palabra, si ha sido cruel, tirano, egoísta, puede sentirse indignado, castigarlo, o decirle, mirándolo desde arriba como un juez, “estás equivocado”, pero con esta actitud ¿fomentamos el desarrollo de su conciencia, la autobservación, la autodisciplina?
Debemos saber algo fundamental, el discurso moral, largos sermones sobre lo que está bien o mal, no solo no sirven, sino que además generan distancia en el vínculo. Decir “haz esto” o “no hagas aquello”, sin ayudarlos a pensar y sentir, produce personas autómatas, que obedecen según su conveniencia. Solo si alguien los está observando, hacen “lo correcto”. No se les fomenta la consciencia, ni el registro de sus propias emociones, y menos aún, la de los otros.

En cambio, si en lugar de dictaminar sentencia, hacemos una pregunta: “¿Qué te parece tu comportamiento?”, “¿Qué te ha hecho sentir tan mal para que reacciones de tal modo?” “¿Cómo se sentirá tal niño con lo sucedido?”, “¿Cómo te sentirías si te lo hubieran hecho a ti?”,  “¿Qué podemos hacer para remediar esto?”, así ayudamos al autoconocimiento, y por ende, a construir una conducta saludable.
No ofrezca soluciones, recetas, ni conclusiones cerradas, abra el dialogo, la pregunta. Permítase aprender, dejar ese espacio para el silencio, que lo coloca a la par, corazón a corazón. Esto nos recuerdan los niños de esta era: no hay quien sabe más, todos estamos enseñando y aprendiendo a la vez; y juntos, solo juntos, podemos construir una nueva forma de estar con otros, y hacer así del mundo, un lugar donde reine la conciencia.+

Fuente: http://www.caminosalser.com/

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Educacion: La neurociencia enseña hoy que el binomio emoción-cognición es indisoluble

 

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La neuroeducación es una nueva visión de la enseñanza basada en el cerebro. Es una visión que ha nacido al amparo de esa revolución cultural que ha venido en llamarse neurocultura. La neuroeducación aprovecha los conocimientos sobre cómo funciona el cerebro integrados con la psicología, la sociología y la medicina, en un intento de mejorar y potenciar tanto los procesos de aprendizaje y memoria de los estudiantes, como los de enseñanza por parte de los profesores.

NEUROEDUCACIÓN 

AUTOR INVITADO: FRANCISCO MORA, catedrático de Fisiología Humana (Universidad Complutense) y catedrático adscrito de Fisiología Molecular y Biofísica (Universidad de Iowa, EEUU). Autor de Neurocultura (Alianza) y Neuroeducación (Alianza).

Como dije en el anterior artículo, en el corazón de este nuevo concepto está la emoción. Este ingrediente emocional es fundamental tanto para el que enseña como para el que aprende. No hay proceso de enseñanza verdadero si no se sostiene sobre esa columna de la emoción, en sus infinitas perspectivas.

La neurociencia enseña hoy que el binomio emoción-cognición es indisoluble, intrínseco al diseño anatómico y funcional del cerebro. Este diseño, labrado a lo largo de muchos millones de años de proceso evolutivo, nos indica que toda información sensorial, antes de ser procesada por la corteza cerebral en sus áreas de asociación (procesos mentales, cognitivos), pasa por elsistema límbico o cerebro emocional, en donde adquiere un tinte, un colorido emocional. Y es después, en esas áreas de asociación, en donde, en redes neuronales distribuidas, se crean los abstractos, las ideas, los elementos básicos del pensamiento.

De modo que el procesamiento cognitivo, por el que se crea pensamiento, ya se hace con esos elementos básicos (los abstractos) que poseen un significado, de placer o dolor, de bueno o de malo. De ahí lo intrínseco de la emoción en todo proceso racional, lo que implica aprender y memorizar.

Los seres humanos no somos seres racionales a secas, sino más bien seres primero emocionales y luego racionales. Y, además, sociales. La naturaleza humana se basa en una herencia escrita en códigos de nuestro cerebro profundo, y eso lo impregna todo, lo que incluye nuestra vida personal y social cotidiana y, como he señalado, nuestros pensamientos y razonamientos. Esa realidad se debe poner hoy encima de cualquier mesa de discusión sobre la educación del ser humano.

Es esta realidad la que nos lleva a entender que un enfoque emocional es nuclear para aprender y memorizar, y, desde luego, para enseñar. Y nos lleva a entender que lo que mejor se aprende es aquello que se ama, aquello que te dice algo, aquello que, de alguna manera, resuena y es consonante (es decir, vibra en la misma frecuencia) con lo que emocionalmente llevas dentro.Cuando tal cosa ocurre, sobre todo en el despertar del aprendizaje en los niños, sus ojos brillan, resplandecen, se llenan de alegría, de sentido, y eso les empuja a aprender.

Solo el que aprende bien sobrevive más y mejor. Seguir vivo en un mundo exigente (y el mundo vivo lo es), desde vivir en la selva hasta vivir en un mundo social duro y competitivo, requiere  aprender, y aprender bien. El que no es capaz de aprender suele vivir menos, ya lo hemos señalado. Y aprender requiere inexcusablemente basarse en la emoción. niños

Pero esa emoción en la enseñanza exige matices profundos cuando es aplicada al ser humano a lo largo de su arco vital. Aprender (y, por lo tanto, enseñar) no es lo mismo para un niño de 2 o 3 años, que, con enseñanzas ya regladas, para el niño de 6 años (cuando comienza con el tamborde las ideas en Primaria), el púber o el adolescente (que vive en un mundo cerebral convulso donde los haya), o bien el adulto joven, el adulto medio o el que atraviesa la ahora larga senescencia. Hoy habría que añadir el periodo prenatal y al perinatal (aquel que va desde la semana prenatal 32 hasta los 2 meses postnatales). Hoy la neuroeducación alcanza a todo ese amplio y, en el terreno específico de la educación, casi desconocido arco vital del ser humano.

Con todo lo que antecede, es claro, como ya he señalado, que lo que enciende el aprendizaje es la emoción y, en ella, la curiosidad y, luego, la atención. Pero la atención no se puede suscitar simplemente demandándola, ni la curiosidad tampoco. Hay que evocarlas desde dentro del que aprende.

Hoy comenzamos a saber que lo que llamamos curiosidad no es un fenómeno cerebral singular, sino que hay circuitos neuronales diferentes paracuriosidades diferentes,y que no es lo mismo la curiosidad perceptual diversificada, aquella que despierta de modo común en todo el mundo cuando se ve algo extraño y nuevo, que aquella otra conocida como curiosidad espistémica, que es la que conduce a la búsqueda específica del conocimiento.

Y lo mismo podemos decir sobre la atención, cuyo sustrato cerebral nos lleva hoy a reconocer la existencia de muchas atenciones cerebrales. Atenciones que van desde la atención básica, tónica, que es la que todos tenemos cuando estamos despiertos, a aquellas otras de alerta, de foco preciso (ante un peligro),orientativa (buscar una cara entre cientos), ejecutiva (la del estudio), virtual(procesos creativos) o digital (utilizada en internet). dibujo

Y es claro, además, que todos estos procesos difieren en el niño y el adulto, y aun en el niño para cada edad. Claramente el tiempo atencional que precisa el niño no es el mismo que el requerido por el adulto para atender una percepción concreta simple o aprender un concepto abstracto altamente complejo. Precisamente, conocer los tiempos cerebrales que se necesitan para mantener la atención a cada edad o periodo de la vida puede ayudar a ajustar tiempos de atención reales durante el aprendizaje en clase de una manera eficiente. Y también conocer cómo estos tiempos pueden ser modificados.

Y lo mismo que el aprendizaje consiste en momentos seriados de asociaciones de fenómenos o conceptos que se repiten en ese juego mental de aciertos y errores, memorizar requiere también de repetición constante de lo ya aprendido. El maestro o el profesor universitario hoy comienzan a utilizar adecuadamente fórmulas que pueden ser enormemente útiles en esa memorización de lo aprendido.

Neuroeducación alcanza pues a todo el arco de la enseñanza, desde los niños de los primeros años a los estudiantes universitarios, o en la enseñanza de formación profesional o de empresa. Y, por supuesto, también a los maestros y los profesores, sobre la forma más eficiente de enseñar. La neuroeducación comienza a poner en perspectiva, más allá de los procesos cerebrales mencionados como la curiosidad y la atención, otros factores como la extracción social de la familia y la propia cultura como determinantes del aprendizaje.

Y, más allá, la neuroeducación intentar destruir los neuromitos (falsosconocimientos extraídos de la neurociencia) y conocer la influencia de los ritmos circadianos, el sueño y su poderosa influencia en el estudio, o factores tan importantes como la arquitectura del colegio, el ruido, la luz, la temperatura, los colores de las paredes o la orientación del aula.

Y también ayuda a hacerse preguntas como estas: ¿Por qué los niños están siempre preguntando?¿Se puede enseñar por igual a niños crecidos en culturas y de etnias diferentes? ¿Hay que ser de raza judía para ser académicamente brillante? ¿Por qué el ambiente familiar de estudio es tan determinante en las capacidades de aprender de los niños? ¿Se puede memorizar mejor durmiendo mejor? ¿Qué hace que se aprenda y memorice mejor si uno se equivoca más? ¿Por qué es más interesante una pregunta brillante que una contestación brillante? ¿Por qué hoy la letra con sangre ya no entra? ¿Es lo mismo enseñar arte o matemáticas, medicina o derecho, fontanería o filosofía? ¿Cómo enseñar que hay dos formas cerebrales de aprender matemáticas? ¿Podrán los nuevos ordenadores de alto procesamiento (relación y reconocimiento personal del estudiante) sustituir a la relación maestro-alumno?

De este modo y por este camino, la neuroeducación se adentra en elconocimiento de aquellos cimientos básicos de cómo aprender y memorizar, y cómo enseñar. Y cómo hacerlo mejor en todo el arco de adquisición del conocimiento y los múltiples ingredientes que lo constituyen. Dilucidando así los entresijos de la individualidad y las funciones sociales complejas, el rendimiento mental, el desafío cerebral de Internet y las redes sociales, o cómo llegar a ser un maestro o un profesor excelente. Añadiendo a ello la formación del pensamiento crítico y analítico, y, más allá, el pensamiento creativo. O evaluando en los primeros años a niños que sufren procesos cerebrales o psicológicos que dificultan el proceso normal de aprendizaje, para permitir así aplicar tratamientos tempranos muy eficaces.

La neuroeducación es, pues, un campo de la neurociencia nuevo, abierto, lleno de enormes posibilidades que eventualmente debe proporcionar herramientas útiles que ayuden a aprender y enseñar mejor, y alcanzar un conocimiento mejor en un mundo cada vez de más calado abstracto y simbólico y mayor complejidad social.

Facilitar todo esto requeriría la creación de una nueva figura profesional, aquella del neuroeducador, que analizaremos en un nuevo artículo la próxima semana.

 

fuente http://autoconocimientointegral.com/

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Neuroeducacion: Educar con el cerebro y la emocion

 

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Hasta hace apenas 30 años, se desconocía en gran medida cómo funcionaba el cerebro. No obstante, los avances en áreas como la medicina y, particularmente, las neurociencias, han permitido estudiar las neuronas y entender un poco más la actividad cerebral. “Eso ha abierto una nueva etapa para poder conocernos a nosotros mismos, para entender mejor cómo funcionamos y aplicar ese conocimiento a áreas tan diversas como la economía, la cultura y la educación”, considera David Bueno, profesor de genética de la Universidad de Barcelona, especializado en la formación del cerebro y divulgador científi co. Así, en los últimos años hemos empezado a escuchar términos como neuromarketing, neuroeconomía, neuroarquitectura y neuroeducación.

 

 

Todo ello forma parte de un movimiento internacional, aún incipiente, de científicos y educadores que pretenden aplicar en la escuela los descubrimientos sobre el cerebro, con el propósito de ayudar a aprender y enseñar mejor. “Hasta ahora habíamos hablado de la memoria, la atención y la emoción, pero de forma desperdigada, sin darnos cuenta de cómo los códigos que trae el cerebro para aprender o memorizar son tan esenciales para la supervivencia como comer o beber”, señala el neurocientífi co Francisco Mora, autor de Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama, uno de los primeros manuales dedicados a este tema y todo un fenómeno de ventas. Conocer esos códigos de funcionamiento del cerebro ha permitido demostrar, por ejemplo, la importancia de la curiosidad y la emoción para adquirir conocimientos; que el deporte es esencial para fi jar el aprendizaje y también que en el cerebro hay “ventanas de conocimiento” que se abren y se cierran de acuerdo con las etapas de la vida. Educadores y científi cos que habían estado aislados, unos en las aulas y los otros en sus laboratorios, ahora caminan a la par. Universidades como la Johns Hopkins, en Estados Unidos, ya han puesto en marcha proyectos de investigación en neuroeducación, igual que Harvard, que dispone del programa Mente, Cerebro y Educación, el cual pretende explorar la intersección de la neurociencia biológica y la enseñanza. Esta es la era de la neuroeducación.

 

¡Emociónate! ¿Recuerdas cuando ibas a la escuela y en algunas asignaturas te hacían aprender de memoria decenas de datos? Que si fórmulas de física y química, que si la capital de Colombia es Bogotá, que si la Revolución francesa estalló en 1789… Datos y más datos que el tiempo acaba borrando. Y aún más si el profesor era aburrido. En cambio, de seguro recuerdas a algún maestro que consiguió despertar tu atención e interés. La emoción es el ingrediente secreto del aprendizaje, dice la neurociencia, fundamental para quien enseña y para quien aprende. “El binomio emoción-cognición es indisoluble, intrínseco al diseño anatómico y funcional del cerebro”, explica Francisco Mora. Al parecer, la información que captamos por medio de los sentidos pasa por el sistema límbico o cerebro emocional antes de ser enviada a la corteza cerebral, encargada de los procesos cognitivos. Dentro del sistema límbico, la amígdala tiene una función esencial. Es una de las partes más primitivas del cerebro y se activa ante eventos que considera importantes para la supervivencia, lo que consolida un recuerdo de manera más efi ciente. Las historias, por ejemplo, suelen fungir como auténticos activadores de esta región cerebral. David Bueno lo ha puesto a prueba con sus alumnos universitarios: “Cuando me toca explicarles, por ejemplo, el triángulo de Tartaglia, una fórmula matemática que necesitan para resolver muchos problemas de genética, les cuento que en realidad el matemático italiano que lo formuló no se llamaba Tartaglia, sino Niccolò Fontana. Lo que pasa es que era tartamudo, tartaglia, en italiano. Y al fi nal ese mote acabó dando nombre a la fórmula. Esa anécdota hace estallar de risa a los estudiantes, y lo mejor es que ya no se olvidan de la fórmula”.

El juego es vital para estimular partes del cerebro involucradas en el aprendizaje. Las nuevas tecnologías son un aliado para el aprendizaje, porque captan la atención de los niños. La sorpresa es otro factor que activa la amígdala. El cerebro es un órgano al que le gusta procesar patrones, entender cosas que se repiten siempre de la misma forma, es la manera como se enfrenta al mundo que lo rodea. Ahora bien, todo aquello que no forma parte de esos patrones se guarda de manera más profunda en el cerebro. De ahí que usar en la clase elementos que rompan con la monotonía benefi cian el estudio. El neurólogo mexicano Jaime Romano investiga el cerebro desde hace más de 30 años; también ha atendido a niños y adolescentes con problemas de aprendizaje. Una década atrás echó a andar un laboratorio de neurociencias para tratar de entender mejor el proceso de educación.

“Diseñé un modelo que se conoce como neuropirámide, que cuenta con seis peldaños. En cada uno de ellos se plantea qué sucede con la información cuando va entrando por los órganos de los sentidos, cómo se procesa en el cerebro hasta que se convierte en aprendizaje. Y hemos visto que tiene que ver con procesos emocionales”, explica Romano. Ahora, este médico trabaja en el diseño de videojuegos que resulten útiles en todos los peldaños de la neuropirámide. “Habrá juegos que refuercen, por ejemplo, el proceso de atención de los chicos; otros, el proceso de análisis y síntesis”, comenta. Su idea es crear una plataforma con videojuegos orientados a distintas edades.

“Queremos mejorar la capacidad emocional y mental de los estudiantes, los procesos de cálculo, de comprensión, y eso repercutirá en que aprenderán mejor las matemáticas, a leer y a entender los textos, a fi jar su atención”. Mueve tus neuronas En los últimos años, la ciencia ha demostrado lo que antes solo se sospechaba: el ejercicio proporciona bienestar físico y mental. Al parecer, cada vez que practicamos un deporte cardio vascular, al contraerse y estirarse, los músculos segregan una proteína que viaja al cerebro y allí promueve la plasticidad cerebral, generando nuevas neuronas, nuevas conexiones o sinapsis y, justamente, eso sucede en los centros de memoria. “A veces, cuando un alumno va mal en la escuela —señala el profesor David Bueno— lo quitan del deporte, para que así pueda estudiar más. Eso es un error, porque se le quita la actividad que le permite memorizar lo que estudia”. También se ha visto que el deporte estimula la producción de endorfi nas, las cuales generan sensación de bienestar, de placer, optimismo, y están íntimamente relacionadas con la concentración y la atención. Una idea que defi ende la neuroeducación son las “ventanas”. Al contrario de lo que se creyó durante mucho tiempo, el cerebro no es estático, sino que “existen ventanas plásticas, periodos críticos en los que un aprendizaje se ve más favorecido que otro”, afi rma Francisco Mora.

Así, por ejemplo, para aprender a hablar la “ventana” se abre al nacer y se cierra a los siete años, aproximadamente. Eso no quiere decir que pasada esa edad el niño no pueda adquirir el lenguaje, porque gracias a la plasticidad del cerebro, lo conseguirá aunque le cueste mucho más, pero, asegura Mora, nunca adquirirá el dominio de la lengua que tiene un niño que aprendió a hablar de los 0 a los 3 años. El hallazgo de la existencia de periodos de aprendizaje hace que las escuelas deban replantearse el modelo educativo. Para David Bueno, “hasta los 10 o 12 años, el cerebro tiene una ventana específi ca para aprender aptitudes, para manejar información, para razonar. Tal vez esa etapa sea el momento de potenciar la comprensión de un texto; que aprendan a razonar de forma matemática, en lugar de memorizar mucho contenido. En defi nitiva, trabajar aquellas habilidades que después conformarán un cerebro con ganas de aprender cosas nuevas”. En algunos casos, el sistema educativo actual choca contra esas “ventanas” cerebrales. Por ejemplo, cuando los niños son muy pequeños, tenerlos sentados en una clase, quietos, “sabemos que infl uye negativamente en su cerebro”, alerta Jaime Romano. Para poder madurar, crear nuevas redes de neuronas, el cerebro necesita experiencias nuevas.

 

Fuente autoconocimientointegral.comfoto face emocion escolar

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Educación emocional en la escuela: del estándar a la personalización

Los alumnos deben descubrir por sí mismos sus dones y cualidades individuales.
La educación exige emociones. Los nuevos tiempos exigen desarrollar las capacidades innatas de los niños y cambiar las consignas académicas

Cada vez más adolescentes sienten que el colegio no les aporta nada útil ni práctico para afrontar los problemas de la vida cotidiana. En vez de plantearles preguntas para que piensen por sí mismos, se limitan a darles respuestas pensadas por otros, tratando de que los alumnos amolden su pensamiento y su comportamiento al canon determinado por el orden social establecido.

 

Del mismo modo que la era industrial creó su propia escuela, la era del conocimiento emergente requiere de un nuevo tipo de colegio. Básicamente porque la educación industrial ha quedado desfasada. Sin embargo, actúa como un enfermo terminal que niega su propia enfermedad. Ahogada por la burocracia, la evolución del sistema educativo público llevará mucho tiempo en completarse. Según el experto mundial en educación Ken Robinson “ahora mismo sigue estando compuesto por tres subsistemas principales: el plan de estudios (lo que el sistema escolar espera que el alumno aprenda), la pedagogía (el método mediante el cual el colegio ayuda a los estudiantes a hacerlo) y la evaluación, que vendría a ser el proceso de medir lo bien que lo están haciendo”.

 

La mayoría de los movimientos de reforma se centran en el plan de estudios y en la evaluación. Sin embargo, “la educación no necesita que la reformen, sino que la transformen”, concluye este experto. En vez de estandarizar la educación, en la era del conocimiento va a tender a personalizarse. Esencialmente porque uno de los objetivos es que los alumnos descubran por sí mismos sus dones y cualidades individuales, así como lo que verdaderamente les apasiona.

 

En el marco de este nuevo paradigma educativo está emergiendo con fuerza la “educación emocional”. Se trata de un conjunto de enseñanzas, reflexiones, dinámicas, metodologías y herramientas de autoconocimiento diseñadas para potenciar la inteligencia emocional. Es decir, el proceso mental por medio del cual los niños y jóvenes puedan resolver sus problemas y conflictos emocionales por sí mismos, sin intermediarios de ningún tipo.

 

La educación emocional está comprometida con promover entre los jóvenes una serie de valores que permitan a los chavales descubrir su propio valor, pudiendo así aportar lo mejor de sí mismos al servicio de la sociedad. Entre estos destacan:

 

– Autoconocimiento. Conocerse a uno mismo es el camino que conduce a saber cuáles son las limitaciones y potencialidades de cada uno, y permite convertirse en la mejor versión de uno mismo.
– Responsabilidad. Cada uno de nosotros es la causa de su sufrimiento y de su felicidad. Asumir la responsabilidad de hacerse cargo de uno mismo en el plano emocional y económico es lo que permite alcanzar la madurez como seres humanos y realizar el propósito de vida que se persiga.
– Autoestima. El mundo no se ve como es, sino como es cada uno de quienes lo observan. De ahí que amarse a uno mismo resulte fundamental para construir una percepción más sabia y objetiva de los demás y de la vida, nutriendo el corazón de confianza y valentía para seguir un propio camino.
– Felicidad. La felicidad es la verdadera naturaleza del ser humano. No tiene nada que ver con lo que se tiene, con lo que se hace ni con lo que se consigue. Es un estado interno que florece de forma natural cuando se logra recuperar el contacto con la auténtica esencia de cada uno.
– Amor. En la medida que se aprende a ser feliz por uno mismo, de forma natural se empieza a amar a los demás tal como son y a aceptar a la vida tal como es. Así, amar es sinónimo de tolerancia, respeto, compasión, amabilidad y, en definitiva, dar lo mejor de nosotros mismos en cada momento y frente a cualquier situación.
– Talento. Todos tenemos un potencial y un talento innato por desarrollar. El centro de la cuestión consiste en atrevernos a escuchar la voz interior, la cual, al ponerla en acción, se convierte en nuestra auténtica vocación. Es decir, aquellas cualidades, fortalezas, ­habilidades y capacidades que permiten emprender una profesión útil, creativa y con sentido.
 Bien común. Las personas que han pasado por un profundo proceso de autoconocimiento se las reconoce porque orientan sus motivaciones, decisiones y acciones al bien común de la sociedad. Es decir, aquello que hace a uno mismo y que además hace bien al conjunto de la sociedad, tanto en la forma de ganar como de gastar dinero.

 

En vez de seguir condicionando y limitando la mente de las nuevas generaciones, algún día los colegios harán algo revolucionario: educar. De forma natural, los niños se convertirán en jóvenes con autoestima y confianza en sí mismos. Y estos se volverán adultos conscientes, maduros, responsables y libres, con una noción muy clara de quiénes son y cuál es su propósito en la vida. El rediseño y la transformación del sistema educativo son, sin duda alguna, unos de los grandes desafíos contemporáneos. Que se hagan realidad depende de que padres y educadores se conviertan en el cambio que quieren ver en la educación.

 

Fuente: El País

 

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Educación: Por que la escuela tradicional esta colapsada? entrevista a Noemi Paymal, antropóloga

 

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La nueva generación de niños inquietos que llenan los colegios de todo el mundo necesita una escuela en las antípodas de la tradicional. O, lo que es lo mismo, una institución que no confunda chicos movedizos con hiperactivos o con déficit de atención, que motive a los alumnos, que no los aburra ni los disperse. Una escuela vital, “biointegral” que base las técnicas de enseñanza en las emociones sin descuidar el intelecto. A grandes rasgos, ese es el planteo de Noemí Paymal, antropóloga francesa que trabaja hace años en América latina.

La especialista en educación alternativa y directora del Centro de Investigación Pedagógica 3000 La Paz, en Bolivia, asegura que existen herramientas muy sencillas y efectivas para tratar con los chicos del “tercer milenio”. Habla de una pedagogía holística que entienda y atienda las necesidades de los niños y jóvenes de hoy.

-Los docentes suelen decir que no tienen herramientas para incluir a los chicos hiperactivos. ¿Qué pueden hacer?

Las investigaciones demuestran que el 80 por ciento de los niños de ahora han cambiado su manera de aprender, su nivel afectivo, su interés emocional; su hemisferio derecho es más rápido, puede hacer varias cosas a la vez, es autodidacta y tiene intereses múltiples. Hay muchas herramientas desde lo físico, lo intuitivo, lo emocional, lo multicultural, lo ecológico, lo ético.

Hay muchas herramientas pedagógicas hoy en día, que apuntan a desarrollar varios ámbitos del ser humano, desde lo físico hasta lo intuitivo, lo emocional, lo multicultural, lo ecológico, lo ético…

Antes se apuntaba sólo a lo intelectual, lo cognitivo. Y ya sabemos que no funciona.

– ¿Algún ejemplo?

– Por ejemplo, podemos empezar con recuperar todos los niveles de desarrollo del cuerpo. El niño tiene que moverse cada 20 minutos en primaria y si es más pequeño tiene que hacerlo todo el tiempo. Decirles que no se muevan es como pedir a la planta que no crezca o al sol que se pare; es su naturaleza y hay que anclar el conocimiento con el movimiento.

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– ¿Vale para todos los niños?

– El 80 por ciento de los niños de ahora es así. No son hiperactivos sino que tienen necesidad de moverse, tienen intereses múltiples. Necesitan jugar casi todo el tiempo hasta los 10 años. El niño de hoy no es lineal, es holístico, ve todo a la vez.Si no se usa el hemisferio derecho se atrofia y después se llega a una sociedad intelectual como la nuestra, que no está equilibrada.

– ¿Estas características son iguales en todo el mundo?

– Es igual en los 15 países que hemos investigado. Como antropólogos estamos planteando un cambio de la humanidad en su conjunto, el cambio es muy rápido. Se ha dado en 40 años, que es nada en relación a la evolución de la humanidad.

– ¿Cómo se han adaptado las escuelas a este cambio tan vertiginoso?

-No se han adaptado. No le echo la culpa a ningún profesor o sistema porque fue más rápido que la capacidad de manejar el asunto. Antes los cambios eran lentos, había leves diferencias entre generaciones. Ahora son tan veloces que el niño rebasó al papá y a los profesores. A esta rapidez hay que reconocerla y atenderla.

– ¿Qué genera la falta de adaptación?

-Que los niños la pasan mal, de allí las altas tasas de suicidio en adolescente y depresión infantil en el mundo. Lo pasa mal también el profesor porque no tiene herramientas, porque en su época no era así. Y lo pasan mal los papás. Bueno, sufre toda la sociedad.

– ¿Qué herramientas pedagógicas se pueden usar?

Herramientas cognitivas, y también herramientas emocionales, biointeligentes o biolúdicas, las “intuitivas” y las herramientas que trabajan en la conexión mente-corazón.

– Claro que vamos a seguir enseñando con herramientas cognitivas, pero lúdicas y con desafíos. El niño va a hacer su proceso hasta que encuentre la solución. Un buen profesor no debe dar la solución, tiene que esperar que el niño la encuentre.Otra herramienta es la emocional. Siempre hay que trabajar la autoestima, reconocer sus sentimientos y los del otro. Esto previene los problemas de violencia. Hay herramientas biointeligentes o biolúdicas con las que se trabajan todos los aspectos del ser humano. No hay que concentrarse tanto en lo intelectual y no importan las notas. Están también las herramientas sensibles e intuitivas, con las que el niño puede hacer juegos para sentir la energía. Los niños son muy sensibles a pesar de que son inquietos y tercos, lo que suele ser una fachada para protegerse de una suma sensibilidad. En las investigaciones que hicimos, el 80 por ciento de esos niños tienen hiperestesía, una sobreactivación de todos los sentidos físicos. Si uno grita, él lo siente más fuerte. Su vista es más aguda. Las herramientas biointeligentes funcionan por sí solas (tejer, cocinar, huerta). Hay también herramientas que trabajan en la conexión mente-corazón donde se afianza la fuerza personal.

-¿Por qué se cree que los chicos de hoy son como son?

-La lógica habla de medios más estimulantes en los medios de comunicación, del bombardeo de información desde el nacimiento. Vienen tecnológicamente más avanzados, pero también emocionalmente muy maduros, con una percepción precoz y una sensibilidad que no habíamos pensado. Creíamos que al llegar la computadora tendrían una visión individualista, pero nacen con una suprasensibilidad, una percepción alta, lo que nos da mucho aliento. Los niños son una manifestación de este cambio masivo. Y porque es masivo, la escuela está colapsando.

– ¿Cuánto potencial se desperdicia cuando no hay estímulo necesario?

– Más de la mitad (por decir alguna cifra). El coeficiente emocional es más importante que el intelectual. Si un niño no está atendido en su parte afectiva retiene sólo el 20 por ciento de los datos de la clase. Casi no vale la pena enseñar.

– ¿La educación alternativa se aplica en grupos pequeños?

– Lo ideal es tener grupos de ocho a once niños y dos adultos. Si no se puede, el profesor puede dividir la clase en varios grupos, hacer islas con las mesas y que trabajen en grupo. Me gustaría ver papás que ayuden por turno, para ofrecerse de asistentes. Hay que pensar que es un reto al que hay que darle solución ya. Buscar herramientas en que el niño pueda canalizar su tremenda energía y creatividad.

– Un sistema así es muy difícil de instrumentar masivamente. ¿Hay otra alternativa?

– Si, por ejemplo realizar actividades extraescolares. Basta que una vez a la semana, el niño o el joven tenga un lugar “seguro emocionalmente” donde pueda hacer su proceso personal, recuperar su autoestima, “conectarse”. O dar técnicas antiestrés a los profesores y a los papás, porque si ellos están bien, los niños van a estar bien en clase.

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– ¿Cuáles son los resultados desde lo académico?

-El niño atendido en todos los niveles de desarrollo tendrá conocimientos pero, además, será equilibrado como ciudadano, como ser humano.

Fuente: Ciudad Virtual de la Gran Hermandad Blanca

De tu interés Pedagooogía 3000Noemi Paymal

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Empatia: como enseñarla y desarrollarla

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Qué cabe esperar a esta edad

Los seres humanos tenemos empatía por naturaleza, al menos hasta cierto punto. Aun así, los niños en edad preescolar, como sabemos todos los padres, no son un modelo de comportamiento desinteresado y generoso. La empatía es algo que tienen que aprender de ti. Si tu hijo pega a su hermana, por ejemplo, puedes decirle: “Hace daño cuando pegas a las personas. Así es como hay que tocar a la gente, con suavidad. ¿Cómo se siente?”. En algún momento comprenderán el mensaje, pero seguramente les llevará un tiempo.

Qué puedes hacer

Dale un nombre al sentimiento para que tu hijo pueda reconocer sus emociones. Dile: “Pedro, estás siendo muy amable”, cuando tu hijo te bese el dedo en que te hiciste daño. Aprenderá de tu reacción que su reacción amable se reconoce y se valora. Tiene que aprender a reconocer emociones negativas también, así que no temas señalar con calma cuando su comportamiento no sea el que esperas. Procura decir algo como: “Cuando le quitaste el sonajero a tu hermanito se puso muy triste. ¿Qué puedes hacer para que se sienta mejor?”.

Alaba su comportamiento cuando se muestre generoso o muestre empatía. Cuando tu hijo realice un acto de generosidad, señálale lo que hizo bien y sé lo más específica que puedas: “Fuiste muy generoso compartiendo tu osito con tu hermanito. Eso le hizo muy feliz, ¿ves cómo sonríe?”.

Anímalo a hablar de sus sentimientos y de los tuyos. Hazle saber que te importan sus sentimientos, escuchando con atención. Mírale a los ojos cuando te habla y parafrasea lo que dice. Cuando grite: “¡Hurra!” por ejemplo, respóndele con un: “Ah, hoy te sientes muy feliz”. Es posible que no sepa responderte si le preguntas por qué, pero no tendrá problema alguno en hablarte acerca de “sentirse feliz”. De igual manera, comparte tus sentimientos con él: “Me siento triste porque me pegaste. Pensemos en otra manera en que podrías haberme dicho que no querías ponerte esos zapatos”. Aprenderá que sus acciones afectan a otras personas, un concepto que es difícil de comprender para un niño pequeño.

Señala el comportamiento de otras personas. Enseña a tu hijo a darse cuenta cuando alguien se ha portado de manera generosa. Procura decir: “¿Recuerdas esa señora en el supermercado, la que nos ayudó a recoger la comida cuando se nos cayó la bolsa al piso? Fue muy amable con nosotros y me hizo sentir bien cuando estaba disgustada”. Al hacer eso, reforzarás el que tu hijo comprenda cómo las acciones de las personas pueden afectar emocionalmente a los demás. Los libros también ofrecen buenos ejemplos, así que pregúntale cómo cree que se siente el perrito que se perdió en el cuento o por qué sonríe la niña del otro cuento. Explícale cómo te sentirías si tú fueras otro de esos personajes y pregúntale cómo reaccionaría él. Estas conversaciones le ayudarán a comprender las emociones de otras personas y a entender las suyas.

Enséñale las reglas básicas de la buena educación. A través de losbuenos modales, tu hijo puede demostrar que se preocupa por los demás y los respeta. En cuanto sea capaz de comunicarse verbalmente, puede empezar a decir “por favor” y “gracias”. Explícale que estás más dispuesta a ayudarlo cuando se comporta de manera educada contigo y que no te gusta cuando te da órdenes. Claro que ser educada con él vale más que mil palabras: di “por favor” y “gracias” con regularidad y tu hijo aprenderá que estas frases son parte de la comunicación habitual, tanto en casa como en lugares públicos.

No uses el enojo para controlar a tu hijo. Aunque es fácil enfadarse cuanto tu hijo pega a su hermano pequeño, procura no usar tu enojo para controlar su comportamiento. Si dices “estoy muy enojada contigo” los niños suelen cerrarse y retraerse. En lugar de eso, muestra empatía a tu hijo. Enseñar mediante la instrucción y el ejemplo es mucho más eficaz, sobre todo a esta edad. En lugar de enfurecerte, toma un momento para calmarte. Entonces, di con firmeza: “Sé que estabas enojado, pero no debes pegar a tu hermano. Eso le hizo daño y me puse triste. Por favor, pídele perdón”.

Dale a tu hijo tareas pequeñas. Estudios demuestran que los niños que aprenden responsabilidad también aprenden altruismo y empatía. A los pequeños les encanta realizar tareas pequeñas, y algunas cosas útiles como dar de comer a las mascotas también enseñan empatía, sobre todo si después alabas su acción: “¡Mira cómo mueve la cola el perro! Eres tan amable con él… Está feliz porque le estás dando la cena”.

Sé un buen ejemplo. Los actos de generosidad y caridad son una excelente manera de enseñar a tu hijo empatía. Llévalo contigo cuando vayas a visitar a un vecino para entregarle comida porque está enfermo, o cuando vayas a visitar a una amiga que acaba de tener un bebé. Déjale que te ayude a empacar la ropa que llevarás a un centro de personas necesitadas o a cualquier otro lugar caritativo. Explícale que hay personas que están enfermas o que no tienen comida o ropa suficiente, y que por eso necesitan de la ayuda de otras personas.

http://espanol.babycenter.com/a10900142/c%C3%B3mo-ense%C3%B1ar-empat%C3%ADa-#ixzz3XOHE1HHb

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Educación positiva: Se basa en la empatia

 

 

 

Mucho se habla hoy de la educacion con apego,solo teniendo en cuenta que fuera el colecho solamente,acto que aterran a algunos! como si dormir en la misma cama fuera un problema en la educacion del niño/a, eso son elecciones familiares. Primero la educacion con apego se basa en el AMOR, y ademas de preservar la autonomia del niño/a y adolescentes , justamente todo lo contrario a lo que se cree, tambien se acentua en lograr autoregulacion del niño/a, pero respetando  los tiempos del niño/a no con los tiempos del adulto.La educación positiva y la educación con apego es lo mismo, son formas de establecer educación,una educación biocentrica para el niño/a que no se base en PREMIOS Y CASTIGOS,tan de esta sociedad retributiva, sino que sea como la llama yo, muchas veces, una educación restaurativa, lo que se trata de cambiar es la forma en que educamos , dejamos el autoritarismo y pasamos a ser sociedades y familias permisivas, encontramos el punto medio? la educación positiva, lo que hace es cortar con este circuito de la recompensa y permisividad,  te portas bien te doy……

Pues bien, me sorprendió muchísimo ver que cuando llegaban los niños al jardin, se les daba una galletita a cada uno y… ¡magia! La mayoría de los niños se calmaba!!! Primera lectura: “¡Que bien! ¡La galletita en cuestión es una ayuda!” ¿Seguro? Si recuperamos el circuito de la recompensa del cerebro que hace un momento hemos comentado, veremos que no se le da al niño lo que busca sino una compensación placentera y “falsa” a su búsqueda. Para entendernos: “Dejar de fumar engorda”. Quizás se podría matizar con: “Dejar de fumar engorda ya que la abstinencia a la nicotina la suplo comiendo más y alimentos con alto nivel de azúcar”. Como me gusta resumir de los neurocientíficos: “la adicción a una sustancia la mantiene la emoción no resuelta que la acompaña”.

Pondremos un ejemplo para aclarar de forma didáctica esto del circuito de la recompensa:

Se genera un estrés, por ejemplo, el riñón percata déficit de líquido y/o minerales y envía una señal al cerebro produciendo SED. Esta señal inducirá una respuesta del sistema nervioso produciendo dopamina (un neurotransmisor comentado en un post anterior) para buscar con motivación la solución a tal estrés o en este caso SED, que es agua con minerales. Una vez encuentro el agua y bebo lo suficiente, el cerebro produce hormonas del bienestar como endorfinas y serotonina y PARA la sensación SED.

Viendo esto, volvamos al niño cuando entra a la escuela: tiene estrés porque tiene miedo a que mamá/papá no vuelva, no conoce a las educadoras, no conoce a los demás niños, se siente sólo, está triste… busca (dopamina) desesperadamente seguridad: mamá abrázame! No lo encuentra pero le dan la “galletita”: sube su nivel de endorfinas y serotonina, no es lo que buscaba pero me calma un poco. Aprendizaje neurológico y evidentemente subconsciente: “EL AZÚCAR ME CALMA Y ME DA PLACER”. Estudios de John Bargh, psicólogo y Profesor en la Universidad de Yale en Estados Unidos, mostraron como el subconsciente puede trabajar con 11 millones de bits al segundo mientras que la parte consciente lo hace como mucho con 64 bits al segundo (en breve haremos un post dedicado a la toma de decisiones con este concepto). Es decir, que no somos ni conscientes de nuestras propias decisiones y que un aprendizaje a este nivel puede generar una conducta. Por lo tanto, un niño/a con 2 años ya puede aprender que el azúcar le dará tranquilidad, es decir, ya puede convertirse en un “sugar-addict” o adicto al azúcar con las catastróficas consecuencias metabólicas que tendrá a la larga.

Si en el caso de la escuela, pudiéramos ponernos en la situación del niño y acompañar emocionalmente a los pequeños entendiéndoles y gestionando ese miedo o tristeza necesitaríamos menos uso de las maravillosas “galletitas”.)llámese galletita a cualquier recompensa que se le da a cambio al niño/a por haber hecho algo bien, o conformarlo para que no se descontrole)

Una educacion parental y escolar con premios y castigos no esta ayudando al niño/a de hoy, no ayuda a gestionar sus emociones ni a un niño7a con autonomia

—En los primeros años —de cero a tres—, debe haber cuidados básicos, gestos de cercanía física y de cariño, por ejemplo, mediante los abrazos. Después, de cara a las relaciones emocionales que se generarán luego, contará cada vez más el tiempo de juego compartido. En la medida que crecen, resultará importante la comunicación, las conversaciones que se mantengan con ese niño. Por otra parte, el optimismo es uno de los rasgos claves de la parentalidad positiva, al servir de ejemplo: ayuda a enfrentar con buen ánimo y perseverancia las dificultades, favorece lo positivo que tienen los hijos y ayuda a confiar en nuestras posibilidades como grupo familiar.

 

 

fuente www.bategaemociona,com

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Empatia: Por que nos cuesta ser empaticos? (neurociencias)

foto face empatic
No es fácil sentir con el corazón y dejar hablar a la razón. Todo aquel que se haya enfadado ante una injusticia o que haya sentido en carne propia el dolor del otro, sabe que es muy complicado mantener la cabeza fría y recurrir a la lógica. Y es que cuando somos realmente empáticos, es como si se produjera un secuestro emocional. ¿Por qué?
La pista llega de la mano de un estudio muy interesante realizado en la Case Western Reserve University. Estos neurocientíficos han descubierto por qué nos resulta tan difícil ser empáticos y racionales a la vez, la respuesta está en nuestro cerebro ya que cuando se activa la red de neuronas que están implicadas en la empatía, se suprime la red que se utiliza para analizar los hechos. Por supuesto, también ocurre lo contrario, cuando estamos analizando un hecho de manera meramente racional, se apaga la red de la empatía.

Un problema de física, una emoción y un escáner cerebral

Este estudio demuestra, por primera vez, por qué nos resulta tan complicado ser comprensivos y analíticos a la vez. En el experimento participaron 45 estudiantes universitarios, a los cuales les dieron una serie de problemas para resolver y algunas situaciones que demandaban comprender los sentimientos de otra persona.
Mientras los estudiantes estaban involucrados en estas actividades, los neurocientíficos escaneaban sus cerebros. Así pudieron apreciar que los problemas de física activaban la red analítica y suprimían la red de la empatía. Al contrario, cuando les pedían que se concentraran en los sentimientos de otra persona y que fueran empáticos, se suprimía la red cerebral vinculada al análisis lógico.
En realidad, la inhibición neural no es un fenómeno nuevo. Nuestro cerebro tiene una tendencia a economizar recursos por lo que suele “apagar” aquellas zonas que no necesitamos. En el fenómeno de la inhibición cognitiva, por ejemplo, nuestra mente se concentra en la información que es importante para la tarea que debemos realizar y aparta los estímulos irrelevantes. La mayoría de las veces este mecanismo se activa de manera automática, para evitar que nos saturemos de estímulos.
De hecho, existe una teoría que nos indica que al poseer recursos mentales limitados, nuestro cerebro los distribuye de la manera más eficaz para la tarea en cuestión, de manera que podamos ser más eficientes. Cuando la inhibición no funciona, tenemos problemas para concentrarnos y cometemos más errores.

¿Positivo o negativo?

No hay dudas de que la capacidad para focalizarnos solo en el aspecto emocional o racional de las situaciones nos conduce a una visión parcializada. Sin embargo, hay ocasiones en que esa visión parcializada es justo lo que necesitamos. Aunque hay veces que necesitamos lo contrario, tener una visión más amplia del asunto. En ese caso, es cierto que no podemos ser racionales y empáticos al mismo tiempo pero podemos dirigir el focus de nuestro cerebro a una u otra perspectiva, de manera que podamos formarnos una imagen más general del cuadro.
Por ejemplo, para manejar una empresa es necesario ser analíticos y racionales, ser eficientes. De lo contrario iremos en bancarrota. Sin embargo, sin la brújula moral y sin la pasión, ese exceso de racionalidad también nos puede llevar a un callejón sin salida. Ambas redes no funcionarán a la misma vez pero podemos alternarlas antes de tomar las decisiones. Así tendremos una perspectiva más global y, probablemente, tomaremos mejores decisiones.
Fuente:
Jack, A. I. et. Al. (2013) fMRI reveals reciprocal inhibition between social and physical cognitive domains. NeuroImage; 66: 385-401.
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Neurociencias en la educación:La importancia del desarrollo de la empatia

 

 

 

El término inteligencia emocional fue empleado por primera vez en el año 1966. Sin embargo, fue popularizado por Daniel Goleman cuando lo usó en su libro Emotional Intelligence, publicado en  1995. El significado de esta palabra se refiere a la capacidad  humana de sentir, entender, controlar y modificar las emociones en uno mismo y en los demás, es decir, mantenerlas equilibradas.

Para comprender el gran poder de las emociones sobre la mente y la causa del frecuente conflicto existente entre los sentimientos y la razón se debe tener en consideración la forma en que ha evolucionado el cerebro  y algunas de sus funciones.

 

 

Actualmente se sabe que es tan importante tener un buen CI como un buen coeficiente emocional (CE). Múltiples estudios en torno a la inteligencia emocional demuestran que los niños  que han desarrollado su inteligencia emocional son más felices, más seguros y confiados y tienen éxito en su vida escolar y con el paso del tiempo logran desarrollar una personalidad madura.

 

La inteligencia emocional, como toda conducta es transmitida de padres a hijos y sobre modelos que se crea a través de las personas de su entorno. Los niños son capaces de captar todo tipo de estados de ánimo por parte de los padres: ansiedad, angustia, frustración, dolor, etc. apropiándose de ellos e integrándolos a su inteligencia emocional.

 

Neurociencia tras la inteligencia emocional

 

El cerebro humano ha sido estructurado en tres capas:

  • El cerebro instintivo, controla nuestros instintos y reflejos. Nos mantiene alerta de nuestras necesidades: hambre, sed, sueño.
  • El cerebro límbico, controla las emociones que van surgiendo día a día. Genera acciones y reacciones impulsivas.
  • El cerebro cortical, tiene la capacidad para resolver problemas, trazarse metas, tomar decisiones y controlar nuestras emociones.

Pero… ¿cómo lograr que el cerebro límbico no interfiera en el cerebro cortical? Cuando percibimos una situación amenazante o detonante, esta es recibida por el cerebro límbico que envía el mensaje a la amígdala (cerebral), quien libera adrenalina poniéndonos en alerta. Esta a su vez transmite el mensaje al hipotálamo enviando parte de la información al cerebro cortical. Cuando la adrenalina se va activando vamos comenzando a sentir ira, a fruncir el ceño, el corazón comienza a latir rápidamente, de igual manera ocurre con la respiración. De igual manera llega la misma emoción al pensamiento, pero de manera más lenta.

 

Una persona emocionalmente inteligente es capaz de controlar sus emociones. Las habilidades de inteligencia emocional pueden desarrollarse en beneficio personal.

 

Algunas características de una persona emocionalmente inteligente 1

Una persona emocionalmente inteligente presenta características como:

  • Tiene actitud positiva, pues valora más los aspectos positivos que los negativos, los aciertos que los errores, las cualidades que los defectos.
  • Reconoce sus sentimientos y emociones, es capaz de admitir cómo se siente frente a determinada situación.
  • Es capaz de expresar sentimientos y emociones. Sabe cuándo se siente feliz, emocionada, así como triste y también en qué momento debe sacar a relucirlos.
  • Es capaz de controlar sus sentimientos y emociones, pues ha encontrado un equilibrio emocional, además es tolerante a la frustración.
  • Es empática, porque es capaz de ponerse en lugar del otro y de captar emociones de los demás aunque los otros no los expresen.
  • Toma decisiones adecuadas, pues logra integral lo emocional con lo racional.
  • Posee autoestima adecuada, pues confía en sus capacidades y habilidades. Es consciente de lo que sabe.
  • Sabe dar y recibir. Da sin esperar nada a cambio y recibe las cosas con gratitud.
  • Es capaz de superar dificultades, se da fortaleza a sí mismo para superarse y salir airoso de los problemas que se le presenten.

 

Inteligencia emocional en la escuela

 

Goleman ha llamado a esta educación de las emociones alfabetización emocional, y según él, lo que se pretende con ésta es enseñar a los alumnos a modular su emocionalidad desarrollando su inteligencia emocional.

 

Algunos objetivos que se persiguen con la implantación de un programa de inteligencia emocional en la escuela, podrían los siguientes:

  • Detectar casos de pobre desempeño en el área emocional.
  • Conocer cuáles son las emociones y reconocerlas en los demás.
  • Clasificar lo que se siente en sentimientos, estados de ánimo, emociones.
  • Desarrollar la tolerancia a las frustraciones diarias.
  • Prevenir conductas de riesgo como alcoholismo o drogadicción.
  • Desarrollar la resiliencia (capacidad de sobreponerse al dolor emocional).
  • Prevenir conflictos interpersonales.
  • Mejorar la calidad de vida escolar.

 

La aplicación de programas destinados a mejorar la inteligencia emocional ha demostrado grandiosas mejorías en los estudiantes: Incremento de la autoestima y el rendimiento académico, aumento de las relaciones interpersonales, mejora de la conducta social, disminución de la ansiedad, aumento de la tolerancia; entre otros.

 

¿Cuál debe ser el aporte de los docentes?

La enseñanza de las emociones inteligentes apunta al lado práctico, al entrenamiento y su perfeccionamiento. De nada sirven las instrucciones verbales como: “No lo vuelvas hacer” o “Si lo haces, vas a tener un castigo”, por el contrario, ayudan mucho las estrategias de modelado y juegos de roles.

 

Debemos enseñar a los niños a no actuar con impulsividad, sino a recepcionar la información y procesarla de manera que no les afecte. De igual manera con la tolerancia a la frustración. Usar historietas, cuentos y juegos de roles para enseñarles que las cosas que planeamos y deseamos no siempre se logran a la primera vez, podemos fallar pero tenemos que seguir intentándolo.

 

Desarrollar y manejar la inteligencia emocional nos conducirá a controlar nuestras emociones en beneficio de nosotros mismos.

 

 

 

 

Fuente http://www.colgadodelalectura.com

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