Justicia Restaurativa y Bullying en las Escuelas

En las escuelas que usan las prácticas restaurativas, los estudiantes aprenden a hacer frente a sus conductas inaceptables, a reparar el daño que han causado y a construir una comunidad.

Un estudiante se molesta e insulta a su profesora y ella lo envía a la oficina del subdirector de la escuela, quien lo suspende por tres días. Nos quejamos por la mala educación, el traspaso de los límites de conducta y por los padres irresponsables que han criado a este chico; y justificamos el castigo porque es «hacer que el estudiante asuma la responsabilidad por su conducta».
¿Responsabilidad? ¿Cómo? El castigo es pasivo. El estudiante no tiene que hacer nada. Él se molesta con la profesora y el subdirector.

Se ve a si mismo como la víctima. Él no se pone a pensar de qué forma ha dañado a otros o cómo podría arreglar las cosas. Y regresa al aula sin haber resuelto nada. ¿Castigar o Reparar?
Las prácticas restaurativas1 son una alternativa efectiva a este tipo de disciplina exclusionaria y punitiva, que según muestran las investigaciones, no solamente no logra reducir las conductas negativas sino que de hecho, las exacerba (Grupo de Trabajo sobre Tolerancia Cero de la Asociación Americana de Psicología, 2008). Con las prácticas restaurativas, los estudiantes encaran sus conductas inaceptables y asumen la responsabilidad de la misma en procesos que proporcionan apoyo en lugar de ser humillantes.
Esto no es permisividad. No se toleran las malas conductas. Sin embargo, las comunidades que usan prácticas restaurativas, llegan a soluciones de manera colaborativa, generando credibilidad para las personas involucradas y de otros que han sido afectados por dicha conducta.
Las prácticas restaurativas están relacionadas con la justicia restaurativa, una forma de ver la justicia penal que se enfoca en reparar el daño causado a las personas y las relaciones en lugar de castigar a los ofensores.
Pero las prácticas restaurativas van mucho más allá de la justicia restaurativa ya que son tanto reactivas como proactivas. La hipótesis fundamental de las prácticas restaurativas es que los seres humanos son más felices, más cooperativos y productivos, y tienen mayores probabilidades de hacer cambios positivos en su conducta cuando los que se encuentran en las posiciones de autoridad hacen cosas con ellos, en lugar de hacerlas contra ellos o para ellos.

Tres Prácticas Que Funcionan


Los procesos restaurativos van desde prácticas formales—que requieren de capacitación, preparación y tiempo—hasta informales, que son los suficientemente simples y prácticas como para convertirse en una segunda naturaleza. De hecho, cualquiera puede aprender a usar prácticas restaurativas. Aquí tenemos tres prácticas que pueden tener un efecto dramático y positivo en la escuela.

La Reunión Restaurativa


El proceso restaurativo más formal—el que requiere de más planificación y que se emplea para los incidentes más serios—es la reunión restaurativa. Dirigida por una facilitador capacitado, una reunión restaurativa reúne a aquellos involucrados para explorar lo que sucedió, quién resultó afectado y qué se tiene que hacer para arreglar las cosas. Los participantes se sientan en un círculo; habla una persona a la vez. A veces, los grupos usan un «objeto de diálogo»; solamente la persona que tiene este objeto en sus manos puede hablar. El facilitador usa un guión que incluye preguntas que llevan a los participantes a pensar sobre el incidente, a quién afectó y cómo, y cómo pueden reparar la situación. (Ver «Preguntas Que
‘Pueden Arreglar las Cosas».

Tomemos por ejemplo, un incidente que ocurrió en la Escuela Secundaria de Kosciusko en Hamtramck, Michigan, una municipalidad dentro de la ciudad de Detroit que tiene una población altamente diversa que incluye a residentes negros, árabes bengaleses y bosnios recientemente llegados, así como a gente cuyas familias han vivido ahí durante generaciones. El Distrito Escolar de Hamtramck está en proceso de implementar prácticas restaurativas en todas sus siete escuelas.
En el incidente que llevó a la conferencia restaurativa, dos chicas de 13 años robaron 20 dólares de la cartera de una visitante. La visitante, una voluntaria del programa de inglés como segundo idioma, había dejado su cartera sola en un aula vacía; cuando volvió, descubrió a las dos chicas paradas ahí con una expresión extraña en sus caras. Una de las chicas inmediatamente se dirigió al baño, donde escondió el dinero. Más tarde, los encargados de seguridad lo encontraron en el basurero.
Después de que ambas chicas admitieron su culpa, el director decidió realizar una reunión restaurativa (la admisión de la culpa usualmente es un prerrequisito para la realización de una reunión restaurativa). Ésta se realizó durante la semana siguiente al robo. Participaron once personas: el consultor en prácticas restaurativas que facilitó la reunión, las dos chicas, tres miembros de sus familias, la voluntaria, una profesora, el director, el superintendente de la escuela y el superintendente asistente de la escuela. Según John Bailie, director de educación continua del Instituto Internacional de Prácticas Restaurativas, es mejor asegurarse de que tanto la víctima como el ofensor tengan en la reunión a alguien que también resultara
afectado por lo que sucedió y que se preocupe por ellos a nivel personal. Típicamente, el número mínimo de participantes es cinco.
Durante la reunión restaurativa, la visitante le contó a todos cómo la había afectado el incidente: su esposo estaba enfermo y desempleado, lo que la dejaba a ella como el único sostén de su familia, de manera que 20 dólares significaban mucho para ella. Cuando las chicas escucharon esto, se pusieron a llorar. La chica que había tomado el dinero dijo, «!No me había dado cuenta de cómo lo que hice afectó a todos!» Ambas chicas estaban arrepentidas. La visitante también lloró.

El director Nuo Ivezaj dijo que la experiencia también lo impactó. En un caso como éste, dijo, los padres típicamente estarían a la defensiva y luego le gritarían a su hijo o hija. En lugar de expresar su enojo, las
chicas se sintieron avergonzadas y afligidas por lo que habían hecho, y los padres y abuelos se sintieron muy agradecidos de que las chicas hubieran recibido una segunda oportunidad. Posteriormente, las chicas escribieron cartas de disculpa a la visitante. Ninguna de las chicas tuvo problemas de conducta posteriormente.

Una reunión restaurativa formal como ésta puede tener un efecto dramático, pero las prácticas restaurativas informales, de hecho, pueden tener un efecto incluso mayor en la cultura de la escuela porque son acumulativas y se convierten en una parte de la vida diaria. En una escuela donde las prácticas restaurativas son la norma, los profesores y administradores de manera rutinaria usan las preguntas del guión de reuniones restaurativas para responder a las conductas desafiantes e instar a los estudiantes a reflexionar respecto a cómo sus acciones han afectado a otros.
Digamos que un chico se comporta de manera problemática en la clase. En lugar de enviarlo a la oficina del director o suspenderlo, lo que solamente lo haría enojarse y lo dejaría listo para repetir la conducta, su profesora podría preguntarle: «¿A quién crees tu que dañas cuando interrumpes la clase?» El estudiante podría comenzar a darse cuenta de que él estaba afectando no solamente a su profesora interrumpiendo su lección, sino también a sus compañeros distrayéndolos de su momento de aprendizaje. Los jóvenes pueden
no estar acostumbrados a pensar de esta forma y podrían necesitar cierta guían al principio, pero terminan comprendiendo rápidamente.

Declaraciones Afectivas


Otra práctica restaurativa informal que ayuda a los estudiantes a entender el efecto de su conducta sobre los otros es la declaración afectiva, una expresión personal de lo que se siente en respuesta a las conductas positivas o negativas de los otros. Las declaraciones afectivas humanizan a la persona que las emite y cambian inmediatamente la dinámica entre las personas involucradas, mejorando las relaciones en una comunidad escolar.
Por ejemplo, asumamos que un estudiante interrumpe la clase golpeando su puño contra la carpeta. En lugar de decirle: «!Silencio!» la profesora puede decir, «Cuando tú interrumpes la clase de esta forma, me haces sentir frustrada y molesta». Algunos estudiantes podrían sorprenderse al darse cuenta de que la profesora
tiene sentimientos y que ella se ha sentido afectada por la conducta o los comentarios del estudiante. Este tipo de comunicación también forja relaciones.
Algunos podrían considerar que cuando un profesor le dice a los estudiantes cómo lo hace sentir una conducta específica se está dando una «respuesta blanda». Por el contrario, esta respuesta obliga al
estudiante a darse cuenta de las consecuencias de sus acciones. Alex DiBiasi, un profesor de ciencias sociales de noveno grado en la Escuela Preparatoria de Upper Darby en Pensilvania, escuchó a un chico
usar un lenguaje amenazador contra otro estudiante en el pasillo. Él le dijo al estudiante que el que los chicos se amenazaran unos a otros como es ese caso, lo hacia sentir inseguro. El estudiante dijo que él
solamente estaba bromeando, pero le sorprendió percatarse de cómo hacían sentir esas palabras a las personas. DiBiasi dijo: «Los para en seco y los hace pensar».
En una escuela pública alternativa para estudiantes destructivos y delincuentes, un profesor de inglés usó declaraciones efectivas para alentar a una clase de varios estudiantes varones mayores a involucrarse en un trabajo académico riguroso. En lugar de insistir que los estudiantes terminaran la tarea, que ellos creían que
era demasiado difícil, el profesor dijo, «Me decepciona que se den por vencidos porque están dejando que su frustración los haga renunciar a hacer algo. Yo sé que ustedes lo pueden hacer. Si quieren mi ayuda, los voy a ayudar, pero ustedes tienen que intentarlo”. Los estudiantes escucharon; uno por uno, dejaron de quejarse y pidieron ayuda. Esa sola declaración afectiva marcó la pauta para el resto del año escolar. Cuando los niños escuchan a los adultos usar declaraciones afectivas en lugar de gritar o culpar, puede ser
contagioso. Ésta ha sido la experiencia de Deborah Martínez, una profesora de tercer grado en la Academia Preparatoria Warren, una escuela pública que ofrece educación desde Kinder hasta 5to Grado en Brooklyn, Nueva York, donde un 40 por ciento de los estudiantes vive en albergues para personas sin hogar y 20 por
ciento viven con familias sustitutas. Aunque muchos de estos estudiantes observan la violencia diariamente, un buen número son lo suficientemente resistentes como para no siempre reaccionar con violencia cuando se sienten amenazados. Para reforzar este enfoque positivo, los profesores y estudiantes usan regularmente
declaraciones afectivas para dejarle saber a los otros cómo se sienten cuando alguien les causa un daño físico o emocional. En lugar de pegarse entre sí o agarrarse a golpes, los estudiantes dicen: «Has herido mis sentimientos» explica Martínez, «Antes no conocían esas palabras».

El Círculo Restaurativo


Otro proceso restaurativo fundamental es el círculo restaurativo, en diversas formas.
Los círculos proactivos construyen comunidad. Los círculos proactivos proporcionan oportunidades para que los estudiantes compartan sus sentimientos, ideas y experiencias para generar confianza y entendimiento mutuo. En un círculo, como en una reunión restaurativa, todos tienen la oportunidad de hablar y habla una persona por vez. Los profesores pueden usar el círculo para obtener retroalimentación en temas como qué tan seguros se sienten los estudiantes para dar el próximo examen o simplemente para
preguntarle a los estudiantes cómo les fue en su fin de semana.
Los profesores también pueden usar círculos proactivos para ayudar a los estudiantes con la fijación y planificación de metas académicas, para sentar las reglas para la realización de proyectos y actividades y
generar o monitorear el entendimiento del contenido académico. Algunos profesores observan que el formato involucra a los estudiantes en el proceso de aprendizaje más efectivamente que las clases típicas.
Los círculos pueden ser poderosos ya que los estudiantes que normalmente no hablan en clase por su timidez, indiferencia, hostilidad, o temor de parecer «poco bacanes» tienen que contribuir.
Alex DiBiasi, cuya clase de estudios sociales incluye una alta concentración de estudiantes de educación especial, dijo que antes de comenzar a usar círculos, algunos de sus estudiantes hablaron solamente cinco o seis veces durante todo el semestre. Estos estudiantes podían hablar con él uno a uno pero se sentían
incómodos hablando frente a otros. DiBiasi se dio cuenta de que sus estudiantes necesitaban un sentido más amplio de comunidad y conexión entre sí—y los círculos han hecho toda la diferencia. Estos estudiantes ahora responden de buena gana a las preguntas en la clase y se involucran en las discusiones en el aula.
DiBiasi cuenta una historia sobre un estudiante que siempre estaba callado en la clase, peleaba con los profesores y no quería trabajar. Durante el primer círculo que realizó, DiBiasi preguntó a los participantes que habían hecho durante el verano. Él le permite a los estudiantes pasar una vez su turno de hablar, pero siempre vuelve a cualquiera que haya pasado. (Muchos profesores abordan los círculos de esta forma). Este estudiante siempre pasaba la primera vez.
En círculos subsiguientes, DiBiasi hacía preguntas como, «¿Que harías si …?» o «¿Qué piensas sobre …?»
Una vez que el estudiante se dio cuenta de que tenía qué compartir, descubrió que realmente le gustaba.
Otros estudiantes estaban interesados en lo que él tenía que decir porque sabían muy poco de él. Ahora a este chico le entusiasma tanto participar, que se le tiene que recordar que solamente habla una persona por vez.
Los círculos de respuesta responden informalmente al conflicto. Los círculos de respuesta involucran a los
estudiantes en el manejo del conflicto y la tensión reparando el daño y restaurando las relaciones en respuesta a un incidente moderadamente serio o un patrón de conducta que afecta a un grupo de estudiantes o toda una clase. Los círculos de respuesta usan la presión de pares para generar un cambio positivo en la
conducta. Son menos formales que las reuniones restaurativas, requieren menos preparación y no usan el guión completo de las reuniones restaurativas.
Un círculo ayudó a terminar con la violencia pandillera en la Escuela Primaria/Secundaria de City Springs, en Baltimore, Maryland, donde 99 por ciento de los estudiantes provienen de familias con ingresos debajo de la línea de pobreza. Los chicos de dos pandillas diferentes, los Slime Bags y los Crips, peleaban constantemente, haciendo que la atmosfera en la escuela fuera tensa y atemorizante. La directora Rhonda Richetta quería hacer un círculo para que los chicos pudieran conversar entre sí, pero a los demás les daba miedo incluso juntarlos en la misma sala. Cuando fracasó la estrategia de separar a los chicos y se desencadenó una pelea a golpes en la cafetería, Richetta convocó a un círculo. Sosteniendo un objeto de diálogo, todos tuvieron la posibilidad de contar su parte de la historia, uno a la vez.
Al principio, las cosas no salieron bien. Uno de los chicos perdió el control y tuvo que ser sacado dos veces de la reunión y llevado a la oficina. La segunda vez que volvió ya estaba más calmado. Conforme se siguió desarrollando el círculo, quedó cada vez más claro que los chicos habían estado pelándose por nada: Las cosas que habían oído y creían unos de otros no eran ciertas. Súbitamente un chico se paró y dijo : «Seré el primero en dar la mano» y se dirigió cruzando el círculo al lugar donde se encontraba un chico de la otra pandilla. Otro chico le dio al mano al de la pandilla contraria, y otro, y otro. Después, todos compartieron una pizza. En lugar de suspenderlos o expulsarlos, se dio la oportunidad a los chicos de zanjar sus problemas conversando en un foro seguro y estructurado. Hasta ahora, no ha habido más peleas entre pandillas en City Springs.
Sin embargo, con problemas tan serios como éste, ni los círculos, ni ninguna práctica, son la panacea. Cuando dos grupos tienen un conflicto real entre sí, el facilitador tienen que enfocarse en hacer que los participantes se hagan la pregunta de cómo planean coexistir en las instalaciones de la escuela. Los estudiantes tienen que creer que esto no es negociable y que el personal se mantendrá firme.
Otra dinámica importante a considerar es que dichos grupos tienen líderes naturales. Es esencial construir relaciones con ellos, en lugar de satanizarlos. El apelar al deseo de influencia de los líderes y a su necesidad de atención y pertenencia puede hacer que se suban al carro. Los líderes de los grupos también se dan cuenta de que pueden hacer cosas positivas con sus habilidades de liderazgo.


Evidencia científica considerable muestra que como las especies están «cableadas para conectarse»,
necesitamos establecer lazos con la comunidad para nuestro bienestar emocional (Comisión de Menores en
Riesgo, 2003). Al abordar esta necesidad desde el principio, las prácticas restaurativas generan comunidad
en las escuelas. Éstas nos proporcionan maneras efectivas, directas de enseñarle a los estudiantes que ellos
son parte de una comunidad, tanto en el aula y en la escuela como un todo, que sus acciones afectan a otros
en la comunidad, y que ellos comparten la responsabilidad de hacer de su comunidad un lugar donde
quieran vivir. ¿Qué mejor forma de preparar a los estudiantes para ser ciudadanos respetuosos y
responsables?

Preguntas Que Pueden Arreglar Las Cosas


Las preguntas para las personas con conductas inadecuadas incluyen
• ¿Qué sucedió?
• ¿En qué estabas pensando en ese momento?
• ¿En qué has pensado desde el incidente?
• ¿Quién crees que ha resultado afectado por tus acciones? ¿De qué manera?
• ¿Qué crees que tienes que hacer para arreglar las cosas?
Las preguntas para las personas afectadas por la conducta inadecuada incluyen
• ¿Qué pensaste cuando te diste cuenta de lo que pasó?
• ¿Qué efecto tuvo este incidente en ti y en otros?
• ¿Qué ha sido lo más difícil para ti?
• ¿Qué crees que tiene que pasar para arreglar las cosas?

Referencias
Grupo de Trabajo sobre Tolerancia Cero de la Asociación Americana de Psicología. (2008).

Fuente
Desarrolladas a lo largo de muchos años por el Instituto Internacional de Prácticas Restaurativas (IIRP), las prácticas
restaurativas evolucionaron en un primer momento en programas para jóvenes delincuentes y en riesgo y sus familias.
Hoy, el IIRP lleva las prácticas restaurativas a las escuelas a través de su Programa de Cambio en Toda la Escuela de
dos años: SaferSanerSchools. Al momento de escribir este artículo, 22 escuelas en todos los Estados Unidos están
usando el programa. Para obtener mayor información, ver www.iirp.edu

Posts relacionados

2 Responses so far.

  1. […] A su vez otro modelo que trato de instaurar en la educación, son las practicas restaurativas, mis  post anteriores sobre el tema http://mediacionyviolencia.com.ar/hacia-una-escuela-restaurativa-una-practica-preventiva-e-integradora/ y http://mediacionyviolencia.com.ar/practicas-restaurativas-en-las-escuelas/) […]

  2. Gabriel Rodríguez dice:

    Excelente artículo. Lo compartiré en mi escuela y promoveré este tipo de actividad para que mejore la disciplina en la misma.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *